por Claudio Trovato
Presidente OnG Progressio y Director de ACCIÓN.

No me sumo al coro de quienes este 22 de marzo 2018 Día Mundial del Agua, gritan: ¡el agua es un bien común!, ¡el agua es un derecho humano y de la naturaleza! Mucho se ha dicho, escrito, cuestionado, reclamado, denunciado sobre esta materia, y esta conmemoración es la guinda en la torta de este reclamo. No tengo la menor idea de cuantas veces en el planeta se pronuncia la palabra agua. Probablemente muchas más veces que te amo y más aún ahora que se celebra este día.

Ahora deberíamos deliberar respecto de lo que todo el mundo sabe y que muchos sufren en su piel: lo que significa vivir con escasez hídrica. Deberíamos hablar de lo que pasa en el valle de Petorca, donde hace unos pocos años había un río, abundante vegetación, árboles frutales y que ahora -según FAO- es una zona entre semiárida y árida. No hay agua para sus habitantes, quienes tienen que ser abastecidos por cientos de camiones aljibes que cuestan al fisco 92 mil millones de pesos por su operación en todo Chile en los últimos seis años, según datos de Ciper.

 

Todo lo que hay son paltos, muchos paltos. ¡Paltos que requieren de cerca de mil litros del vital elemento para producir un sólo miserable kilo! Lo señalado es grave si se considera que ocurre en una zona declarada por el Estado en calidad de “emergencia hídrica”. La razón es evidente: la demanda por este producto -definido como un súper alimento- ha crecido exponencialmente. Europa y Estados Unidos se llenan de cafeterías que la sirven en extrañas y creativas elaboraciones. Paltos que en Roma alcanzan los seis mil 500 pesos el kilo. Esta contradicción llamó la atención de Danwatch, una ONG de Dinamarca, que elaboró el reportaje documental “Paltas y agua robada[1]”.

Tanto fue el impacto de su difusión que las principales cadenas de supermercados de ese país restringieron la adquisición de paltas de las empresas involucradas en la usurpación de aguas en Petorca, entre las que destacan las agrícolas El Cóndor y Pililén. Escasez hídrica, robo de agua, cultivos no tan apropiados al contexto. En fin: un desastre con olor a conflicto de intereses. En Petorca la concentración del agua entre pocos es una violación de derechos humanos y ambientales para muchos. Y todo los sabemos. No era necesario que vinieran unos periodistas desde el viejo continente para decirnos algo que está a la luz del sol y que muchos chilenos cuestionan y denuncian a menudo.

El agua se roba por negocio. Por el agua se amenaza, como ha sucedido con emblemáticos dirigentes sociales y militantes del Movimiento de Defensa de la Tierra, el Agua el Medio Ambiente (Modatima). En Oriente Medio, África y Asia se mata por el agua. Pero también el agua es amenazada…

En Petorca funciona una Oficina Comunal de Asuntos Hídricos; además existe la Unión de Agua Potable Rural, asociación representativa de los comités y cooperativas que gestionan el suministro de agua potable, porque las empresas sanitarias no se meten en las comunidades dado que representan “demasiado trabajo y poca ganancia”. Municipalidad y Unión trabajan juntos, en alianza. La Unión gestiona su Banco Técnico y Solidario, donde se centralizan las compras de materiales, se intercambian servicios y se solucionan problemas técnicos. ¿Y qué más? nos parece casi superfluo y con olor a protocolo llenar otros centímetros cuadrados de palabras para conmemorar el Día Mundial del Agua.

Ojalá que esta gran celebración suene un poco molesta para nosotros como ONGs, Junta de Vecinos, Comités de Agua, de Agua Potable Rural (APR), que con proyectos, eventos, voluntariado, a diario nos enfrentamos con la palabra agua aportando en la medida de lo posible, ya que solucionar la crisis no es nuestra materia. Para eso hay un Parlamento, un Gobierno, un Presidente de la República. Tal vez un Intendente, un Gobernador, un Alcalde, aún con menos opciones, me parece.

Fíjense que la palabra agua, durante la Cuenta Pública 2017 de la Presidenta Michelle Bachelet se pronunció seis veces. En la transcripción del discurso busqué sin éxito sequía, aridez; encontré escasez sólo una vez en combinación con agua. Intenté con Código de Aguas, cero resultados. Agenda 2030 y Objetivos de Desarrollo Sostenible, inexistentes. ¿Qué raro no? Considerando que Chile firmó en septiembre de 2016 ante la Asamblea General de Naciones Unidas, la Agenda 2030 que, entre sus objetivos, menciona la resolución del problema del agua; también considerando que en casi todo Chile se sufre de escasez hídrica; y a pesar de que en Chile el agua, ese recurso que debiera ser para todos, es un negocio y se vende al igual que la salud y la educación. ¡Que paradoja: tres derechos fundamentales están a la venta: el ambiente, la salud y la educación!

Gran tema para el nuevo Gobierno del Presidente Piñera, quien deberá responder a la demanda por un cambio del Código del Aguas, sobre todo para vincular el derecho de agua con la propiedad o comodato de uso de la tierra productiva. Le tocará a este Presidente responder la demanda de una Constitución a la medida de los derechos humanos y ambientales; y al extendido anhelo de que se considere al agua como un bien común y un derecho humano no comerciable. Le corresponderá al Presidente Piñera definir si las obras públicas para el agua serán o no compatibles, participativas, establecidas según planes territoriales negociados y coordinados entre actores públicos, privados y sociedad civil. ¿Estará a la altura?

A lo mejor le tocará a la Nueva Oposición responder al llamado de cambiar este modelo neoliberal sin buscar maquillarlo con adaptaciones, resiliencia o mitigaciones.

 

http://old.danwatch.dk/wp-content/uploads/2017/05/Paltas-y-agua-robada.pdf